
¿Qué hay más apocalíptico que la desaparición de la humanidad?
¿Qué es más apocalíptico que una sociedad que encuentra placer en la muerte del prójimo? El turismo de guerra se vuelve una atracción más en la lista de experiencias extremas que ofrece el mercado global del morbo.
A la hora de plantear la experiencia, mis primeras propuestas rozaban lo fantástico, un eclipse eterno que ocasiona en un colapso de la sociedad; un nuevo virus que entra en contacto con un hongo y cuya reacción química los modifica, haciéndolos potencialmente contagiosos y con una capacidad de regeneración indestructible, etc.
Sin embargo, lo apocalíptico no está tan lejos como pensamos. No hace falta pensar en el colapso de la sociedad, o en un virus que se propague a velocidades impensables para que la humanidad desaparezca, ya que solo tenemos que mirar a nuestro alrededor: agencias que ofrecen “rutas seguras” para observar el conflicto, influencers que posan para una "story" perfecta con el humo de fondo como quien lo hace frente a un monumento famoso.
Y aún así, quizás lo más perturbador no es la existencia del turismo de guerra en sí, sino en como habla de nosotros como sociedad.
Vivimos en una sociedad distópica que sería capaz de transformar el fin del mundo en un negocio. ¿Qué clase de humanidad observa la tragedia como si se tratara de un espectáculo? ¿Qué ha pasado con la incomodidad ante el dolor ajeno, con la conciencia que antes nos hacía apartar la mirada por respeto, por vergüenza o por compasión?
Resulta impensable imaginar a alguien contemplando desde una ventana las cámaras de gas mientras las personas eran asesinadas en masa. ¿Qué nos está pasando?. Ya no nos resulta imposible mirar ya que lo hacemos desde la comodidad de una pantalla, o desde un balcón, desde la aparente neutralidad del espectador moderno. Hemos aprendido a ver sin sentir, a indignarnos sin actuar. Nos hemos insensibilizado, ahora nuestra indiferencia se ha acostumbrado a ver al prójimo morir como si formase parte del paisaje global.
A este paso, podremos ver el fin del mundo en un directo de TikTok y aún así, no nos importaría. Nuestra desconexión con el mundo real nos hará seguir mirando, indiferentes, en silencio.
Para representar mi apocalipsis edité un video con fragmentos de videos reales (los que adjunto al final de la página) con IA para los filtros y el sonido. Fue mi primer acercamiento real con la inteligencia artificial y el principio de todo mi proyecto para denunciar el turismo de guerra en Gaza, que sigo desarrollando en la experiencia III y IV, y que seguiré desarrollando por mi cuenta.



